La Ley del Karma

El contentamiento y el amor residen en Ti,   ¡encuéntralos¡.

Namaste ¡¡

Quizá alguna vez te has preguntado: ¿por que soy así?. ¿Por qué me pasan estas cosas?, ¿por qué no puedo tener lo que deseo?, ¿por que no puedo hacer lo que quiero?, y muchas otras preguntas que pasan por tu mente.

Piensas en ocasiones que es injusto que otras personas tengan lo que quieren y tú no puedas lograrlo tan fácilmente…

Éstas preguntas van y vienen y aparentemente no existe una razón.

Pero déjame decirte que nada pasa sin una razón, todo tiene una causa que le da origen. Todo es causalidad,

En occidente se llama la ley de la causa efecto, o en Oriente se le conoce como Ley del Karma.

Todas las acciones producen un fruto. Esa es la Ley.

Te voy a contar una historia que me contó mi Maestro, para explicar mejor la ley del Karma:

Sucede que en un pueblo de la India, había un Templo donde estudiaba un monje joven y con mucho entusiasmo. Practicaba  sus oraciones, meditaba y hacía toda serie de austeridades con la intención de realizar a Dios.

Cada año es costumbre que todos los Monjes hagan una peregrinación a la ciudad sagrada para agradecer a Dios por sus bendiciones y ofrecerle sacrificios; para lo cual se van a pié con el único equipaje de una taza de metal para pedir agua y algo de comida en el camino, y es tradición que la gente les invite a comer para ayudarlos a llegar a la ciudad sagrada. El camino es en ocasiones de dos a mas días y duermen donde les alcanza la noche.

Pues bien, nuestro monje salió muy temprano por la mañana a su peregrinación después de lavarse en el río, caminó todo el día y llegando la tarde se detuvo en un pueblo a la orilla del camino para pedir un poco de agua. Toco la puerta de una granja, y al momento salió el granjero, al cual le dio mucho gusto la visita del monje, lo invitó a pasar y le ofreció agua fresca.

“Le ruego que nos honre con sentarse a la mesa con nosotros” – le dijo el granjero-,

llamó a su esposa, una mujer joven y hermosa, la cual solícita, preparó la mesa y sirvió la comida.

Le dijo  el monje – “por favor no se molesten, con un poco de agua es suficiente, ya falta medio día de camino y pronto llegaré a la ciudad”-

Pero el matrimonio insistió tanto que al monje se le hizo inapropiado rechazar la invitación, por lo que se quedó a comer. La señora lo atendió de la mejor manera, y sin saberlo, pasó el tiempo.

De repente, el monje reflexionó y les dijo – “les  agradezco mucho su hospitalidad, pero debo irme porque se hace tarde, Dios los bendiga y gracias”-.

El granjero le rogó que se quedara a dormir esa noche, debido a que ya era tarde y le iba a agarrar la oscuridad en el camino, lo que podía ser peligroso al quedarse sin abrigo por la noche.

El monje declinó y les dijo que no quería molestar, que solo aceptaba quedarse si le permitían dormir en el granero, con un poco de paja y no le daría molestias a nadie. El matrimonio accedió y la señora le preparó una cama con paja y unas sabanas limpias.

El monje se instaló en el establo, hizo sus oraciones, meditó y dio gracias a Dios y se acostó a dormir.

En la casa, la señora se quedó pensando en el joven atlético y bien parecido monje que estaba en el granero, y se le ocurrió que podría tener hambre, ya que se había acostado sin cenar, por lo que le preparó un vaso de leche y unos panecillos y se los llevó al granero.  Cuando entró, el monje estaba dormido profundamente pues había caminado todo el día y estaba muy cansado.

La señora no le habló, se quedó observándolo, ya que era muy apuesto. Sus piernas estaban descobijadas por que hacía algo de calor y la señora pensó que no habría nada malo si les untaba algo de aceite para que descansara mejor. Por lo que trajo aceite aromático y le empezó a poner en los pies al monje.

Al momento de tocarle las piernas, se apoderó de ella un sentimiento de pasión tan fuerte que su corazón empezó a latir con fuerza, su respiración se agitó y su pecho empezó a arder  con un fuego que la consumía, sus deseos por tocar al monje se hicieron enormes.

En ese momento despertó el monje y se cubrió rápidamente y le dijo: -“Señora, Usted no debería estar aquí”-,

A lo que ella le respondió: -“déjame estar contigo, siento que mi pecho arde de pasión, déjame tocarte, nadie se dará cuenta”-

Y le dijo el monje:-“Señora, tenga en cuenta que Yo soy un monje, que mi vida está dedicada a Dios y además Usted es casada”-.

La señora le dijo: - “Ah, con que es porque soy casada?”. Y salió bruscamente del granero

Mas tarde regresó con las manos manchadas de sangre y un cuchillo en la mano.

– “Mi esposo está muerto, ahora soy viuda, así que no hay ningún impedimento para que estés conmigo”- le dijo al monje-.

Este horrorizado le dijo – “¿Pero que ha hecho señora?, ¿ha matado usted a su esposo?, Dios mío, eso es un error,”

Le dijo la señora: “¿Cómo te atreves a despreciarme, esto lo vas a pagar caro”,

y empezó a gritar como desesperada y a rasgarse los vestidos.

A sus gritos llegaron los vecinos, a los que les dijo sollozando: “¡Este hombre, después de que le dimos alojamiento y comida en nuestra casa, no contento con eso, ha matado a mi esposo y a mí ha querido violarme”.

La gente apresó al monje y lo llevaron al alguacil, el cual le hizo un juicio rápido y lo declaró culpable. La gente pedía que lo colgaran para escarmiento de otros. Pero entre el grupo había un sacerdote que les dijo que no podían matarlo porque era un hombre de Dios y si lo hacían, enormes desgracias caerían sobre el pueblo y su gente. Por ello decidieron no matarlo, pero le cortarían las dos manos para que nunca olvidara su pecado. El monje no dijo un apalabra, estaba impactado, no comprendía que estaba pasando, el no había hecho nada y ya lo habían incriminado, juzgado y le iban a cortar las manos.

Pues se las cortaron, le ligaron las muñecas y lo echaron al camino. Como pudo, débil y herido, llegó a la ciudad sagrada.

Todavía no salía de su asombro y se puso a rezar fervientemente “¿Por qué, Señor me pasó esto, yo no hice nada, dime porque?”. Y Todos los días hacía la misma petición al Señor.

Los años pasaron y llegó el día en que la muerte vino por el monje, y aún antes de morir, preguntó: “¿Por qué Señor me pasó esto?, ¿por que me cortaron las manos?, ¿porque me vi en medio de ese grave problema?”.

Y su alma dejó su cuerpo.

Cuando su alma iba al cielo, como era muy grato a los ojos de Dios por su gran santidad, el Señor mismo se apareció ante él y le dijo: -“Toda tu vida me has hecho una pregunta, y ahora te la voy a contestar, ven conmigo”-,

Y lo llevó a un lugar apartado, le frotó los ojos y al momento apareció ante él una escena… en ella, estaba él, bañándose en el río, cerca de la orilla; de pronto pasó una vaca corriendo y se perdió entre unos matorrales, atrás de ella, persiguiéndola venía un carnicero, con un cuchillo en la mano, la quería sacrificar. Le preguntó el carnicero que dónde estaba la vaca, le dijo que como era un monje, estaba obligado a decir la verdad. El monje no dijo nada, solo señaló con el dedo el lugar donde se había escondido la vaca. El carnicero fue  hasta ahí y con el cuchillo la mató.

Le dijo el Señor: “¿Ves?, en esta vida la vaca nació como la esposa del carnicero, el carnicero fue el granjero, y tú volviste a nacer como un monje”.

“ Al carnicero por haber matado a la vaca, fue muerto por ella. Y tú, por haber señalado con la mano donde se había escondido, te cortaron las dos. Ya has pagado tu deuda y puedes ir al cielo.”

Debes saber lo que es la Ley del Karma y cuales son sus consecuencias.

Karma no solo significa acción, sino también el resultado de una acción. No puedes separar las consecuencias de la acción. Respirar, pensar, hablar, ver, escuchar, comer, etc., todas son acciones (karmas) y cada una tiene sus efectos, por la respiración estas vivo, piensas, puedes crecer y comunicarte, etc.  Pensar es una acción (Karma mental). Karma es pues la suma total de tus acciones, ya sea en la presente vida o en vidas anteriores.

Cualquier acción, cualquier pensamiento que cause un efecto se llama un karma. La Ley del Karma significa la ley de causa y efecto. Dondequiera que haya una causa, ahí se producirá un efecto. Una semilla es la causa de que crezca un  árbol, que es su efecto. Los árboles producen semillas, por lo que son la causa de las semillas.

En todas las religiones y libros sagrados se menciona la Ley del Karma, en unos mas claro que en otros. Por ejemplo, en el Antiguo Testamento se habla de la Ley del Talión: Ojo por ojo y diente por diente, esto no es otra cosa que el Karma. En oriente se conoce así y en cada religión se conoce a su manera, pero es la misma.

Lo que siembres vas a cosechar. Esta es la Ley del Karma. Si haces una acción mala, debes sufrir por ella, Tú y nadie más. Si haces una buena acción, debes obtener felicidad. No hay poder en esta tierra que pueda detener las acciones de cosechar los frutos de tus acciones, buenas o malas. Cada pensamiento, cada palabra y cada acción que realizas es pesada en una escala de justicia divina y eterna, y se le asigna un efecto de la misma magnitud pero dirigido a quien la realizó, o sea Tú.

La Ley del Karma es inexorable.

Las cosas no pasan en este universo por accidente o por “chance” de una manera desordenada, el que Yo te conozca, el que Tú me conozcas, lo que has vivido hasta hoy, el tipo de cuerpo que tienes, tu sexo, si eres casado o soltero, rico o pobre, fea o bonita, todo tiene su causa en el pasado.

Para lograr un nacimiento humano, tuvieron que pasar miles de nacimientos en diversas formas, y cuando lo adquiriste, junto con él adquiriste la capacidad de elegir entre el bien y el mal. Aquí te atrapó la Ley del Karma, y una y otra vez has sufrido en una vida por las acciones que hiciste en la anterior.

Durante una vida realizas acciones que te atan a la siguiente. Este cuento nunca termina y se le llama la “Rueda del Samsara”. Sin embargo, después de muchas vidas aparece en ti el deseo de acabar para siempre son esa rueda que te ata vida tras vida de sufrimiento, y es cuando inicias el camino de regreso a casa, al cielo de donde saliste. Vida tras vida nos hemos reunido y en ocasiones hemos estado de una u otra manera relacionados, ya como hermanos, papa, mamá, hijos, esposos, novios, amigos, etc. Las situaciones vuelven a repetirse y volvemos a caer en la rueda.

Al final, después de que pasaron muchas vidas y mucho aprendizaje, logras llegar al camino del conocimiento, entonces conoces a un Maestro, que tiene relación contigo;

Recuerda que al nacer pierdes la memoria de tu vida anterior, pero los sentimientos se mantienen y cuando lo encuentras, tu corazón te lo dice. Cuando estás preparado y tus sentimientos se hacen puros, aparece todo ante tí; tus sentimientos te dicen quien eres.

Y vuelve a nacer en ti la esperanza por algo mejor, y el deseo de responder a las grandes preguntas de Tu vida: ¿Quién soy? ¿De donde vengo? Y ¿A dónde voy?; entonces Él Maestro Interior te señala el camino de regreso a casa. No es un extraño, ha estado contigo por mucho tiempo pero no lo sabías. Recuerda que las acciones siguen una a la otra en un orden regular. Hay una cierta conexión definida entre lo que haces ahora y lo que va a pasar en el futuro. Nada pasa por casualidad. Eres el maestro de tu propio destino, Eres el arquitecto de Tú propia fortuna. Eres responsable por lo que sufres.

Eres responsable por tu presente estado. Si eres feliz, ha sido por tus propias acciones. Si eres miserable, ha sido por tus propias acciones. Por cada acción cosechas un fruto, tarde o temprano. Una acción virtuosa produce placer como su efecto. Una acción mala causa pena y sufrimiento.

El deseo produce Karma. Tú trabajas y te esfuerzas para adquirir los objetos materiales que deseas, pero cada deseo tendrá sus frutos. Por ejemplo, si deseas un auto nuevo, tendrás que trabajar más y dejar de gastar en otras cosas para que te pueda alcanzar el dinero. El Karma produce sus frutos como sufrimiento y placer. Tendrás que tomar nacimientos después para cosechar todos los frutos de tus karmas. Esta es la Ley del Karma.

El hombre tiene tres partes por naturaleza. Se forma de Deseo (sentimiento), conocimiento (Jnana) y voluntad (Kriya). Esas tres cosas forman su Karma. Conoce objetos como silla o árbol, siente gozo, pena y desea hacer esto sí, o no hacer eso otro.

Si pones una semilla en la tierra, brota un pequeño tallo. Luego le salen hojitas. Después vienen las flores y los frutos. Y hay de nuevo semillas en los frutos.

La semilla de mango solo puede producir un árbol de mango. Si siembras arroz, no puedes esperar cosechar trigo. El mismo tipo de semilla produce el mismo tipo de planta. Un ser humano solo nace del útero de una mujer. Similarmente, si tú siembras la semilla de una mala acción, tendrás una cosecha de pena y sufrimiento. Si siembras la semilla de acciones virtuosas, levantarás una cosecha de  placer. Esta es la Ley del Karma.

Lo que Tú siembres con tus acciones, regresará a tí. Si siembras la semilla de la felicidad, cosecharás el fruto de la felicidad. Si haces a otros infelices al decirles palabras impropias, insultos, maltratos, crueldad, etc., solo sembrarás infelicidad como semilla  y te dará frutos de pena, sufrimiento, miseria e infelicidad. Esta es la Inmutable Ley del Karma, no me canso de repetirlo.

Las acciones que cometiste en el pasado son las responsables de tu condición actual. Tus acciones del presente van a moldear tu futuro. No hay nada que sea hecho al caos o por capricho en este mundo. Llegas a ser bueno por tus buenas acciones y malo por tus malas acciones.

Si mantienes pensamientos malos, sufrirás las consecuencias, estarás en dificultades, te verás rodeado de circunstancias desfavorables, serás víctima de las circunstancias y de los acontecimientos. Debes conocer y comprender esta Ley y vivir sabiamente. Conserva pensamientos nobles y siempre te sentirás feliz.

Detrás de una acción hay un deseo y un pensamiento. El deseo por tener un objeto surge de la mente, entonces te pones a pensar como le vas a hacer para conseguirlo, te convences de que lo quieres y luego te pones a realizar acciones para lograrlo. El deseo, el pensamiento y la acción trabajan juntos; son como los tres hilos que forman la cuerda del Karma.

Si siembras una acción, vas a cosechar un hábito. Si siembras un hábito, cosecharás un carácter. Si siembras un carácter, cosecharás tu destino. Por eso tu destino es obra tuya, Tú te lo has construido. Puedes modificarlo manteniendo pensamientos nobles, con acciones virtuosas y cambiando tu forma de pensar.

Hasta ahora has pensado que eres este cuerpo, hombre o mujer, bonita o fea, gorda o flaca, Educada o ignorante, etc.; empieza a practicar una contra corriente de pensamiento y piensa que eres un Alma Inmortal, que eres Divina, Pura e Infinita y que Dios está en Ti, y te aseguro que así será.

Las acciones  afectan tus pensamientos, tus deseos y tu voluntad, por eso cuando haces algo, se forma una impresión que tiene parte de los tres. Esta impresión afecta tu carácter y hace nacer en ti la necesidad de repetirla. La impresión que surge en tu mente toma la forma del objeto que deseas con la fuerza de tu deseo por conseguirlo.

Tu conducta también moldea tu carácter. Para cultivar una buena conducta vas a necesitar llevar una disciplina vigorosa  y una vigilancia constante. Tienes que observar cuidadosamente cada pensamiento o cada acción. Debes ser extremadamente cuidadoso en la forma como te comportas con las otras personas. Con todo, tus buenas intenciones se pueden desviar por la fuerza de tus impresiones pasadas, instintos e impulsos y dar malos resultados. Tú querías hacer las cosas bien pero todo salio mal. Aún a las personas muy refinadas y educadas les puede pasar esto.

Si tienes un buen comportamiento, eso indica que eres un apersona refinada y tienes una mente disciplinada y una verdadera cultura espiritual. La práctica de la meditación te ayudará a controlar tus impulsos.

También tus pensamientos moldean tu carácter, por eso, si tienes pensamientos nobles, desarrollarás un carácter noble y , por el contrario, si tienes pensamientos malvados, desarrollarás un mal carácter. Esta es una inmutable Ley de la Naturaleza.

Reflexiona en la Ley del Karma y no olvides una cosa muy importante: Meditar. Si meditas regularmente, el conocimiento se abrirá ante tus ojos. El Maestro te ama. El llegar a este punto no ha sido fácil, nada es por casualidad, te ha costado vida tras vida, no lo desaproveches. Ponte a pensar: duermes 8 horas, trabajas 8 horas, usas 2 horas para comer, 2 horas para trasladarte, una hora para ir al baño, una hora para vestirte y desvestirte. ¿Realmente cuanto tiempo te queda libre para superarte?, no desperdicies tu tiempo, medita al menos 15 minutos en la mañana y en la noche. No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy. Ese mañana nunca vendrá.

Tú puedes voluntariamente conformar tu carácter, a tu voluntad y solo cultivando pensamientos sublimes. No olvides que el pensamiento se materializa y se convierte en acción. Si ocupas tu mente en pensar en el bien y en pensamientos elevados, vas a hacer buenas acciones de una forma natural.

Un marinero que va en su barco sin timón, sin vela y sin ancla, es llevado sin rumbo por las corrientes y por los vientos; pero un marinero que tenga su barco con timón, vela y ancla, dirigirá a voluntad su barco para llegar a la otra orilla sano y salvo.

Del mismo modo, si conoces las leyes naturales y la Ley del Karma o la ley de causa-efecto, puedes navegar sin temor en el océano del mundo (Samsara) y llegar a la playa de la paz y de la inmortalidad.

Si utilizas el conocimiento de las leyes naturales para tu beneficio, puedes neutralizar las fuerzas opuestas. El conocimiento es la luz que iluminará tu camino, no olvides que la ignorancia es el más grande pecado. Un ignorante solo llega a ser víctima y esclavo de la naturaleza.

Namaste¡