Practica 2

Desarrollando la Conciencia del Testigo

¡Namaste¡

Al principio del curso se te pidió que hicieras una práctica de meditación con una técnica básica, se te pidió que cerraras tus ojos y fijaras tu mente en la respiración o en el latido del corazón, y que lo escucharas por unos 15 minutos.

Quizá al hacer esto observaste que tu mente se llenaba de inquietud, y que te concentrabas en todo, menos en el latido del corazón o en la respiración.

Quizá también, esto te llenó de frustración, al ver que tu mente se negó a concentrarse en una cosa y por el contrario saltó de un lugar a otro. Probablemente crees que fallaste y que no sirves para esto, que esto solo es para los de la India.

Déjame decirte que si te pasó todo esto, el objetivo se cumplió, aprendiste lo que debías aprender, solo que aún no eres consciente de ello.

Ahora vamos a realizar una práctica que te ayudará a comprender más sobre los misterios de la mente humana.

Desarrollo

Para realizar esta práctica, debes estar en un lugar tranquilo, donde nadie pueda molestarte por al menos 15 minutos.

Pon una luz tenue o si lo prefieres sin luz, (para reducir las distracciones de la vista), puedes encender una varita de incienso (para que el aroma evite las distracciones de otros olores). Cada una de estas cosas tiene un significado esotérico que lo veremos en futuras lecciones.

Lávate las manos y la cara con agua limpia, enjuágate la boca y toma uno o dos tragos de agua fresca. Recuerda  que la ropa que utilizas debe ser siempre la misma para meditar.

Acércate una libreta y lápiz para anotar tus experiencias.

Coloca un asiento, o almohada donde puedas sentarte cómodamente y recargar la espalda, como cerca de una pared o en una silla con respaldo.

Si te sientas en una almohada en el suelo, recarga la espalda sobre una pared para mantenerla recta, si no hay pared, simplemente mantén recta la espalda y la cabeza erguida, cruza las piernas hasta una postura cómoda, pon las manos sobre los muslos con las palmas hacia arriba.

Si estas en una silla, asume la posición egipcia, con la espalda recargada en el respaldo, la cabeza derecha, con las piernas juntas y las manos sobre los muslos con las palmas hacia abajo.

Ahora, sentado cómodamente, cierra tus ojos, toma tres respiraciones profundas, inhalando lentamente por la nariz, reteniendo el tiempo que puedas sin forzarte y exhalando lentamente por la nariz.

Relaja tu cuerpo y observa cada uno de tus pensamientos, imagínate que estas en un teatro, que tu estas en las sillas de luneta y que en el escenario aparece cada uno de tus pensamientos. Observa los personajes que aparecen, observa lo que dicen, observa lo que hacen cuando llegan y cuando se van. Cuando llegue otro pensamiento, observa lo mismo. Solo observa, no opines nada, no comentes nada, no analices nada, no trates de intervenir, no sigas a un pensamiento en particular, solo observa.

Deja que tu mente tome el control, solo observa como un asistente al teatro, como lo haces en la vida real cuando vas a ver una obra de teatro. Observa los personajes, los vestuarios, la escenografía, la música, el color, fíjate en los sentimientos que despiertan en ti, pero no intervengas, solo observa.

Así mantente por al menos 5 minutos, al final de los cuales, abres los ojos, y trata de recordar todo lo que viste, anota en tu cuaderno cuantos pensamientos pasaron por tu mente, de que tipo eran, cuantos personajes viste, que fue lo que más te llamó la atención, anota tus sentimientos que surgieron mientras observabas.

Haz esto por lo menos una semana y diariamente anota en tu diario los resultados y tus experiencias.

Recuerda que la práctica debe hacerse a la misma hora todos los días, tu mente debe acostumbrarse a hacer este ejercicio diariamente. Pero debe hacerse a la misma hora, porque Dios está presente cuando la haces, aunque no lo veas. Recuerda que esto hará que la cita al teatro sea un punto de reunión entre tú, Dios y tu mente.

Es como cuando eres novia o novio de alguien. Cuando te dice tu novio que va por tí a las 8 de la noche, desde las 6 de la tarde te bañas, te cambias, te peinas y te maquillas, te pones bonita para Él, y cuando son las 7, te sientes nerviosa; cuando faltan quince minutos, tu corazón empieza a latir más de prisa, cuando faltando un minuto y tocan a la puerta, no cabes en sí de gozo y se te acelera la respiración por la emoción.

Pero si abres la puerta y no es Él, entonces todo se viene abajo, y el gozo y la emoción que sentías, se convierte en coraje, porque te ha dejado plantada. Y cuando llegue, una hora más tarde, en lugar de recibirlo con amor, lo recibes con  coraje, le reclamas que te diga donde estaba, que tienes horas esperándolo, etc. Tu emoción se convirtió en decepción.

Por eso es importante que hagas tu meditación a la misma hora todos los días, así te encontrarás con Dios, diario y a la misma hora, en esta ocasión, para observar lo que hace la mente.

Realiza este ejercicio y si tienes dudas sobre tus experiencias, con todo gusto te ayudaré.

Namaste¡